Toledo: Un congreso difícil
Share
En apenas tres años las cosas han cambiado mucho. Parece mentira que en tan poco tiempo puedan suceder tantos acontecimientos, y tan distintos entre sí: algunos buenos, otros no tanto, pero todos, en definitiva, enriquecedores. Creo que soy de esas personas que tratan de sacar lo mejor de cada situación, sea cual sea. Así lo he vivido durante estos tres años en los que, con el apoyo de mis compañeros, he estado al frente de la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado. La asociación nació hace ya muchos años con la vocación de servir a todos sus miembros y, a través de ellos, mejorar nuestra Administración, y en particular una parte de ella que, sin miedo a equivocarme, resulta esencial en un Estado moderno como es España.
La inspección de Hacienda tiene sus particularidades, y su trabajo se ha vuelto cada vez más complejo, igual que el mundo en que vivimos. Los sistemas tributarios han tenido que adaptarse a esa complejidad para seguir obteniendo los medios con los que atender las necesidades colectivas.
Pero que nadie se lleve a engaño: no somos meros recaudadores. Últimamente abundan en los medios noticias que tratan de desprestigiar nuestra labor. A veces esa crítica tiene fundamento, porque hay personas que atraviesan situaciones difíciles o porque nosotros mismos nos equivocamos. Aun así, creo firmemente que los inspectores de Hacienda somos, y debemos ser, custodios y administradores de una riqueza en depósito que pertenece a quienes contribuyen para ayudar a todos. Con esa riqueza, lo que corresponde a quienes tienen en cada momento la responsabilidad política es redistribuir, apoyar y organizar, en defensa del más débil, un patrimonio colectivo cuyo fin último deben ser la igualdad y la justicia. Son ideas que hemos escuchado mucho este año, en el que se celebra el V centenario de la Escuela de Salamanca.
Precisamente, el año pasado celebramos nuestro congreso en Salamanca, esa hermosa ciudad que es cuna de la ciencia económica y de los derechos humanos. En los próximos días nos reuniremos en Toledo para celebrar el XXXVI Congreso de los Inspectores de Hacienda. En la antigua ciudad imperial pasó gran parte de su vida uno de los pensadores vinculados a aquella escuela, Juan de Mariana, quien en su obra De monetae mutatione defendió, entre otras cosas, que no hay tributo legítimo sin consentimiento, un principio clave de la Hacienda pública moderna. Y, aunque no seamos nosotros quienes creamos los tributos, ese principio nos concierne de forma ineludible.
Vivimos un momento difícil de nuestra historia. Hay familias que lo están pasando mal y problemas estructurales que afectan a todo el país y cuya solución parece cada vez más lejana. A ello se une la crispación en la que parece haberse instalado la sociedad española: un clima de cinismo, de agresividad y de insultos diarios entre hermanos, en el que hemos de preguntarnos constantemente si lo que se nos cuenta es verdad.
El congreso que vamos a vivir estos días no será uno más. Vamos a alzar la voz, alto y claro, para defender nuestra labor, pero lo haremos con cercanía al ciudadano, porque nuestra función no está reñida con la autocrítica. Debemos reflexionar sobre el sentido mismo del sistema tributario, pero también sobre el valor de lo público, del que, aunque parezca mentira, apenas se habla a quienes ingresan en la Administración tributaria. Resulta desconcertante que no transmitamos a nuestros compañeros más jóvenes algo tan esencial como que ser funcionario es mucho más que un trabajo: es el orgullo de pertenecer a lo público y, por tanto, el compromiso de cuidar lo que es de todos.
Nuestra casa necesita reformas. Arrastra desde hace años problemas que no se resolvieron a tiempo, además de disputas y desencantos entre quienes formamos esta gran familia. Hemos avanzado mucho, pero sigue habiendo goteras que es preciso arreglar. Dentro de este hogar hay un tesoro que es su capital humano, con sus virtudes y sus defectos y que nos demuestra que, cuando trabajamos en equipo, somos capaces de grandes cosas. No dejemos que nadie desde fuera nos impida seguir avanzando, y miremos con esperanza, aun en esta noche oscura, el futuro que está por venir.
Amigos, compañeros: nos vemos en Toledo.
Ana de la Herrán. Presidenta de la Asociación de Inspectores de Hacienda
Como os dirá Juan Faus , el pasado agosto acordé con el Colegio de Ingenieros Industriales de La Rioja (al que pertenezco ) celebrar un acto con fecha 29 de octubre ( el próximo jueves ) para explicar mi Plan de Erradicación de la Corrupción Política ( financiado con el dinero negro generado por el inmenso fraude fiscal derivado del uso masivo de las facturas falsas ) , lo que hizo imposible participar como asistente al Congreso en Toledo , ciudad en la que estuve destinado en los años 1974 a 1976 .
La idoneidad de mi Plan para alcanzar sus fines está avalada por Don Manuel Villoria , Presidente de la Autoridad Independiente de Protección del Informante como podeis ver a la página 101 de la Pestaña 9 de la web de la que soy promotor y propietario .
Quedo a vuestra disposición incondicional para cualquier cosa que podais desear de mi