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Administración Tributaria

La justicia tributaria tiene raíces profundas: lo que la Escuela de Salamanca puede enseñarnos hoy

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Crónica del XXXV Congreso de Inspectores de Hacienda del Estado: “Sistema tributario y Constitución Española: un entorno de incertidumbre”, celebrado en Salamanca, los días 23 y 24 de octubre 2025 

 

¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de decir algo sobre la postura de la Escuela de Salamanca en relación con el derecho tributario? Con esta pregunta desafiante arrancó la primera sesión del XXXV Congreso de Inspectores de Hacienda del Estado, celebrado en Salamanca los días 23 y 24 de octubre de 2025.

El economista Daniel Marín Arribas, profundo conocedor de los escolásticos del siglo XVI, ofreció una mirada poco habitual: rescatar el pensamiento de aquellos doctores que reflexionaron sobre la justicia del tributo hace cinco siglos, para iluminar los debates fiscales de hoy. Una invitación a preguntarnos, como hicieron Isabel la Católica o el emperador Carlos I, qué hace que un impuesto sea justo.

Un pensamiento olvidado que sigue vigente

La Escuela de Salamanca fue un movimiento intelectual que floreció en la Universidad de Salamanca durante los siglos XVI y XVII. Sus integrantes, teólogos y juristas como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto o Diego de Covarrubias, desarrollaron tratados sobre la justicia y el derecho —los célebres De iustitia et iure— que abarcaban desde el derecho de gentes hasta la legitimidad de los impuestos.

Como recordó Daniel Marín Arribas, el punto de partida de esta escuela suele fijarse en 1526, cuando Francisco de Vitoria obtuvo la cátedra prima de teología en Salamanca. A partir de ahí, generaciones de doctores compartieron un marco doctrinal común cuya pregunta central era la justicia: qué es lo justo y cómo aplicarlo a las relaciones entre gobernantes y gobernados.
Que el tema siga siendo relevante lo demuestra nuestra propia Constitución. El artículo 31.1 establece que todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos mediante un sistema tributario justo. Y el preámbulo de la Carta Magna declara que la nación española desea establecer la justicia.

Las cuatro causas del impuesto justo

En la exposición se analizaron las cuatro causas que, según los escolásticos salmantinos, determinan la justicia de un tributo. Un esquema que, con las debidas adaptaciones, mantiene sorprendente actualidad.
La primera es la causa eficiente: quién tiene potestad para imponer tributos. Los doctores de Salamanca sostenían que solo quien ostenta autoridad legítima puede exigir impuestos, y que dicha autoridad requiere cierto consentimiento. Juan de Mariana, por su parte, defendía la doctrina de que la imposición de nuevos tributos requería el beneplácito del pueblo, o de quienes lo representan, como doctrina “muy saludable y cierta”. La idea de que no hay impuesto legítimo sin representación, tan presente en el constitucionalismo moderno, tiene aquí un precedente claro.

La segunda es la causa final: para qué se destina lo recaudado. El impuesto solo es justo si se emplea en fines adecuados —defensa, infraestructuras, necesidades comunes— y no en el lujo o los vicios del gobernante. Marín Arribas subrayó que las deficiencias percibidas en el uso del dinero público pueden servir de coartada para quienes desean eludir sus obligaciones, pero también alimentan propuestas extremas que, lejos de resolver el problema, lo agravan. El foco, insistió, no debe ser el debate “menos Estado, más mercado”, sino la pregunta por lo justo y lo adecuado.

La tercera es la causa material: sobre qué recae el impuesto, lo que hoy llamaríamos el hecho imponible. Aquí los escolásticos entraron en el debate entre impuestos directos e indirectos. Domingo de Soto afirmaba que los tributos han de imponerse sobre las riquezas, posesiones y negocios, más que sobre las personas, porque así se grava mejor la capacidad económica. La alcabala —un tributo sobre las compraventas comparable al IVA actual— fue objeto de reflexión ya en el testamento de Isabel la Católica, que ordenó examinar si era justo mantenerla.

La cuarta es la causa formal: la proporcionalidad. Los que más tienen deben pagar más; los que menos, menos. A partir de este principio, la moderadora Gema Martín Meléndez planteó una reflexión: cuando un pobre y un rico compran una barra de pan, pagan el mismo impuesto. ¿Respeta ese esquema los estándares de justicia que proponían los escolásticos? Daniel Marín Arribas cuestionó si la elevada carga fiscal sobre la primera vivienda, en comparación con otros bienes de lujo, como un yate, respeta los estándares de justicia de los escolásticos.

Ejemplos que invitan a la reflexión

Para ilustrar la vigencia del pensamiento salmantino, la moderadora trajo a colación dos ejemplos contemporáneos. El primero, la subida de precios de los hoteles en Nueva York tras el atentado del 11-S, cuando miles de personas quedaron atrapadas en la ciudad. El segundo, el enriquecimiento de quienes vendieron productos sanitarios a precios abusivos durante la pandemia. ¿Está bien o está mal aprovecharse de la necesidad ajena?

La Escuela de Salamanca, explicó Marín Arribas, se centraba en la cuestión de la justicia, incluyendo la justicia del tributo, y ofrece unas bases para analizar los desafíos éticos que surgen en el mundo actual. No se trata de aplicar recetas mecánicas, sino de recuperar la pregunta ética que subyace a toda relación económica.
Una doble obligación de justicia

La conferencia concluyó con una cita de Diego de Covarrubias, presidente del Consejo de Castilla en el siglo XVI, que sintetiza la posición de la Escuela de Salamanca. Covarrubias advertía que los gobernantes deben huir de las injustas exacciones destinadas a sostener el lujo, pero también que los ciudadanos deben abstenerse del fraude y la simulación con que sustraen al príncipe sus justos derechos.
Esta doble exigencia —justicia en la imposición y lealtad en el cumplimiento— fue sintetizada por Diego de Covarrubias. El concepto se relaciona con la sociabilidad intrínseca del ser humano, que Francisco de Vitoria defendía como la base para el deber natural de pagar tributos. Frente al pesimismo que afirma que el hombre es un lobo para el hombre, Vitoria sostenía que el hombre es hombre para el hombre: un ser que necesita al otro no por mero cálculo instrumental, sino por su propia naturaleza.

Una invitación a seguir pensando

La moderadora, nuestra compañera, Gema Martín Meléndez, cerró la intervención anunciando que Daniel Marín Arribas publicará un pequeño libro sobre derecho tributario y la Escuela de Salamanca. Su conferencia dejó en el auditorio una invitación: recuperar la pregunta por la justicia de las cosas, esa perpetua y constante voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde, como decían los maestros romanos. Su conferencia dejó en el auditorio una invitación: recuperar la pregunta por la justicia de las cosas, esa perpetua y constante voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde, como decían los maestros romanos.

📹 Vídeo de la Conferencia-Entrevista  Justicia y Tributos: una mirada desde la Escuela de Salamanca para el mundo actual

 

Pablo Grande Serrano. Inspector de Hacienda del Estado .

*Las opiniones expresadas en las publicaciones del blog «NOSÓLOIMPUESTOS» son de la exclusiva responsabilidad de sus autores, pudiendo no coincidir con las de IHE 

 

 

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