A María, `princesa futbolera guerrera´
Share
Querida María:
La noticia de tu muerte la he recibido como una de las más duras de mi vida. Tú no me conocías, pero yo te seguía en redes desde hacía tiempo. Siempre me impresionó tu fortaleza, tu manera de entender la lucha contra tu enfermedad no solo como resistencia, sino como una forma de transformar este mundo, a veces tan oscuro y difícil de comprender. En medio de esa oscuridad, tú, con tu sonrisa permanente, eras uno de esos puntos de luz que nos llama la atención a muchos y que nos hace seguir, con ilusión y agradecimiento, nuestro camino diario por este valle de lágrimas.
Una enfermedad terrible, aún difícil de entender para la medicina, se ha llevado tu vida demasiado pronto. Y ante algo así, no puedo dejar de pensar en dos cosas:
La primera, son las tres virtudes teologales, que encarnaste de una forma admirable. La FE, porque siempre creíste que todo iría bien; y, aunque desde una mirada humana el desenlace sea doloroso, tu visión trascendente, expresada con una madurez que desarma incluso a quienes hemos vivido más años, sigue siendo un ejemplo inmenso de fortaleza. La ESPERANZA, porque nos enseñaste a mirar más allá de lo inmediato, a no poner todo el corazón en esta vida, sino en aquello que trasciende y da sentido último a todo. Y la CARIDAD, reflejo de un amor profundo y generoso, que transmitías con naturalidad y que apuntaba a ese Dios en quien confiabas: un amigo fiel, que no falla y que ama sin medida. El Amigo que no se engríe, que no lleva cuentas del mal, que es paciente, que no tiene envidia ni es egoísta, que no se irrita, que no se alegra de la injusticia, sino que goza con la Verdad.
Pero, además de todo esto, cuando vuelvo a la realidad cotidiana, a mi propia lucha diaria, cuando pienso en ti, no puedo evitar enlazar este pensamiento con mi responsabilidad profesional. El esfuerzo de todos, los impuestos que se recaudan y que también yo pago, no puede perderse ni malgastarse. No pertenece a unos pocos, sino a la “comunidad” y, por tal razón, no puede tener otra vocación que la de estar al servicio del bien común.
La investigación de enfermedades como el sarcoma de Ewing, que hoy nos priva de tu voz, debería contar con todos los recursos públicos necesarios. No es aceptable ni admisible que ese esfuerzo colectivo se desvíe, en ocasiones, hacia intereses superficiales o, peor aún, hacia prácticas que traicionan la confianza de los ciudadanos porque son intereses particulares. Cada caso de corrupción pública no es solo un delito: es una herida directa y mortal a quienes sostienen el sistema con su trabajo y su responsabilidad. Me da igual de un lado que de otro. No es tolerable en ningún caso y es una perversión de lo que debería servir para hacer el bien.
Pienso en los investigadores, en los médicos, en tantos profesionales que se dejan la piel cada día en los servicios públicos. Ellos representan lo mejor de lo que podemos ser como sociedad. Merecen medios, apoyo y una gestión a la altura de su compromiso.
Por eso no quiero callarme. No debemos mirar hacia otro lado. Porque mientras lo hacemos, otros deciden, otros priorizan, otros subvierten el orden natural de las cosas, otros perpetúan dinámicas que alejan los recursos de lo verdaderamente importante. Y eso, sencillamente, no puede ser.
María, princesa futbolera y guerrera, hoy no te olvidamos. Mañana tampoco. Tu lucha no ha sido en vano. Quienes tenemos la responsabilidad de servir desde dentro de lo PÚBLICO debemos estar a la altura, hacer todo lo posible para que las cosas cambien y para que los recursos públicos lleguen y se destinen a lo que realmente importa: al bien común.
Descansa en Paz, princesa.
Ana de la Herrán
Presidenta de la Asociación Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado
*Las opiniones expresadas en las publicaciones del blog «NOSÓLOIMPUESTOS» son de la exclusiva responsabilidad de sus autores, pudiendo no coincidir con las de IHE
Estimada Ana. suscribo al cien por cien tu carta abierta póstuma dirigida a esta pobre niña que a perdido la vida con la misma enfermedad con la que la perdió mi amigo Federico. Solo te puedo decir que es una carta de la que estaría muy orgulloso tu abuelo materno al que tuve el honor de conocer cuando era niño en Mayo de 1977 y que la prensa democrática lo presentó como un hombre cruel , violento y despiadado que no tenía nada que ver con lo que realmente era (con sus defectos como todo el mundo , claro). Y no digo más. DEP