Difama, que algo queda
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(Los ingleses atacan de nuevo)
Hay quien está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de vender un producto o conseguir un cliente. Y cuando digo “cualquier cosa”, es “cualquier cosa”: desde orquestadas campañas publicitarias, a esas llamadas telefónicas que nos bombardean diariamente ofreciéndonos suculentos ahorros en nuestra factura de luz, de gas o de teléfono (todavía hay quien pica).
Lo cierto es que cuando ya creía haberlo visto todo, llega un despacho de abogados, parecer ser que británico, y empieza a gastarse dinero a cascoporro lanzando a través de diversos medios de comunicación (se supone que prestigiosos), toda una serie de insultos contra la Agencia Tributaria española y los inspectores de Hacienda, que por lo visto somos todos unos chorizos de tomo y lomo, que atropellamos y arruinamos a toda una serie de inocentes contribuyentes, entre los cuales se encuentra un grupo de desafortunados incautos que fijaron su residencia en España al calor de la denominada Ley Beckham, una norma que otorga un tratamiento fiscal muy favorable siempre y cuando se cumplan determinados requisitos. (En resumen, que un alto ejecutivo que gana una pasta se viene a vivir a España y paga muchos menos impuestos que los que llevamos en España toda la vida).
Pues bien, parece ser que la Agencia Tributaria ha tenido la osadía de comprobar si algunos de dichos privilegiados cumplían los requisitos establecidos por el legislador. Vamos, que a la Inspección de Hacienda no se le ha ocurrido otro atropello que inspeccionar a esas pobres criaturas que se debían pensar que en España todo el monte es orégano y el cumplimiento de las obligaciones tributarias no iba con ellos. Y hete aquí, que ese despacho “de nombre extranjero” (al igual que el barco de la famosa copla) se ha embarcado en la muy noble y leal tarea de salir en defensa del pobre contribuyente español y enfrentarse a una Agencia Tributaria que se comporta “al margen de la Ley” y “viola los derechos humanos de los contribuyentes”. Casi nada
He de reconocer que esta campaña con pretensiones difamatorias me produce sentimientos encontrados. Por una parte, me resulta bastante esperpéntica y ridícula. Así, leer que un despacho de abogados desconocido en España (o, dicho de otra manera, conocido en su casa a la hora de comer) solicita una reunión con la directora de la AEAT para responder a un supuesto informe elaborado por ellos mismos en el que se cuestiona la actuación de dicha entidad, y llevarse las manos a la cabeza porque esa directora se ha negado a dicha reunión, es de traca. Estos se piensan que descienden de la pata del Cid (o de la casa de Guillermo de Orange, por lo del nombre del despacho). No sé de dónde habrá salido esta gente, pero cuando leo los documentos que han presentado y las declaraciones que hacen, me da la impresión de que poco o nada conocen del derecho administrativo y tributario español. Incluso, he llegado a pensar que esos informes y esas declaraciones han sido elaboradas por un programa de Inteligencia Artificial, de esos que se equivocan continuamente y se inventan las cosas. ¡En fin!
Por otra parte, el hecho de que se trate de un despacho extranjero me molesta en extremo, como si en España no hubiera excelentes profesionales en el mundo tributario para defender los intereses de los contribuyentes españoles. Vamos, que los inspectores de Hacienda somos unos carteristas y, por lo visto, los asesores fiscales españoles deben de ser todos unos lerdos, que no han sido capaces de mostrar al mundo entero la forma de actuar de la Administración Tributaria española y acabar con ella. ¡Menos mal que están los de este despacho para poner las cosas en orden! ¡El mundo anglosajón siempre tan misericordioso con el mundo hispano! ¡Gracias!
Lo cierto es que no dejo de preguntarme cómo ha de actuar una institución cuando recibe ataques de este tipo, y no sé si es mejor entrar al trapo o no decir nada. Si se entra al trapo, malo, pues se les da publicidad y, probablemente, eso es lo que quieren; pero si no se dice nada, peor, pues parece que el que calla otorga.
Como la historia nos da ejemplos para todo, no puedo por menos que recordar la forma en la que por parte de Guillermo de Orange se difamó al rey de España, Felipe II, y cómo éste respondió con el silencio. Lo cierto es que las consecuencias de esa forma pasiva de actuación del monarca fueron realmente funestas para nuestro país, pues ese silencio no aplacó al príncipe de Orange sino que, al contrario, su crítica fue cada vez más enconada y ha pervivido hasta hoy, constituyendo uno de los pilares de la leyenda negra antiespañola, tan difundida por holandeses e ingleses, y cuya estela parece que siguen los de este estrafalario despacho.
De forma distinta actuó el padre del anterior, Carlos I, cuando se planteó, en vista de las denuncias que sobre el trato a los indios hacía el nefasto fray Bartolomé de las Casas (padre putativo de todos los negrolegendarios habidos y por haber) si por parte de la monarquía hispánica se estaba actuando correctamente en el Nuevo Mundo o, por el contrario, se estaban cometiendo todo tipo de abusos. En este caso, el citado rey decidió reunir a los principales juristas y teólogos del momento, a fin de que dirimieran la cuestión en lo que se ha llamado “la controversia de Valladolid”, por llevarse a cabo las reuniones en dicha ciudad. Precisamente, este año 2025 se celebra el 475 aniversario de la controversia, que tuvo lugar en 1550 y 1551. Fue Ginés de Sepúlveda el defensor de la acción española en las Indias, mientras que correspondió a Fray Bartolomé de las Casas la defensa de los naturales de dicho territorio. En todo caso, lo relevante del acontecimiento es que, por primera y única vez en la historia, un monarca se plantea si está actuando correctamente y reúne a las personas más autorizadas para que arrojen luz sobre la cuestión. Así mismo, se marcó el camino para posteriores legislaciones
Volviendo al tema de la forma de actuar del despacho “de nombre extranjero”, creo que está claro que no me gusta. Sinceramente, utilizar la difamación de una institución y de todos los funcionarios que trabajan en la misma para conseguir clientes no está bien. Tal vez, la hipócrita ética anglosajona permita este tipo de comportamientos si con ello se incrementa la cuenta de resultados, pero desde la tradición española surgida de la Escuela de Salamanca y manifestada en la citada controversia, existen determinados comportamientos que han de ser rechazados por mucho beneficio que nos reporten, y la difamación es uno de ellos.
En todo caso, creo que es necesario entablar un debate sereno en torno a la administración tributaria española. Yo misma, en este blog de los inspectores de Hacienda del Estado, he abogado por la introducción de reformas que entiendo que son necesarias. Tal vez, el infame comportamiento de ese despacho pueda servir para que los distintos operadores españoles, públicos y privados, aborden las modificaciones pertinentes. Y digo “españoles” porque quien verdaderamente conoce la legislación y Hacienda Pública españolas, somos nosotros, los inspectores de Hacienda y los asesores fiscales españoles, de modo que es también a nosotros a quienes corresponde abordar la cuestión.
Por cierto, que Fray Toribio de Benavente (1), ante las críticas exageradas de Fray Bartolomé de las Casas en relación con la conducta de los españoles en el Nuevo Mundo, escribió una carta al emperador Carlos V, el 2 de enero de 1555, diciendo lo siguiente (2):
“No tiene razón el de la Casas de decir lo que dice y escribe y emprime… Dice el de las Casas que todo lo que acá tienen los españoles, todo es mal ganado…y los llama muchas veces tiranos, robadores, violentados, raptores, pregones… y condena a los letrados de vuestros consejos llamándolos muchas veces injustos y tiranos…
Por cierto, para con unas pocas normas que el de las Casas oyó, él se atreve a mucho, y muy grande parece su desorden y poca su humildad. Y piensa que todos yerran y que él sólo acierta. Yo me maravillo cómo V.M. y los vuestros consejeros han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e importuno y bullicioso y pleitista… tan desasosegado, tan mal criado y tan injuriador y perjudicial y tan sin reposo… porque él no procuró saber sino lo malo y no lo bueno.”
Cambien en el párrafo anterior “de las Casas” por el nombre del despacho al que van dedicadas estas líneas, y verán que nada nuevo hay bajo el sol.
Por cierto, que según expone el gran historiador Ramón Menéndez Pidal en su obra “El Padre las Casas. Su doble personalidad”, el citado personaje sufría de trastornos de personalidad y su paranoia deformaba su percepción de la realidad. Yo ahí lo dejo.
Mª Genma Martín Meléndez. Inspectora de Hacienda del Estado
*Las opiniones expresadas en las publicaciones del blog «NOSÓLOIMPUESTOS» son de la exclusiva responsabilidad de sus autores, pudiendo no coincidir con las de IHE
- Fray Toribio de Benavente llegó a América en 1524 en compañía de otros once franciscanos y permaneció allí hasta su fallecimiento en 1569. Misionero y estudioso del mundo prehispánico es conocido con el sobrenombre de Motolinia, palabra indígena que significa humilde, pobre. Su obra “Historia de los indios de la Nueva España” es una de las fuentes más importantes para el conocimiento de la América precolombina y del siglo XVI.
2. Se transcribe parte de la carta de Fray Toribio de Benavente, Motolinia, al emperador Carlos V.
Magnífico post. La mezcla de provincianismo y búsqueda de “click” por la prensa está siendo lamentable y cualquier reacción de la Agencia puede ser vista como correcta o errónea según el prisma desde el que se vea. Además, es muy doloroso para los colaboradores fiscales que un despacho concreto se dedique a desprestigiar nuestra labor. En fin…gracias!
Muchas gracias por tu artículo, tan bien escrito y por tu referencia a ese libro, que me leeré.
También por tu crítica constructiva, muy acertada en la forma. Y porque la forma es muy importante, la tuya es tranquilizadora.
Buenos días. Gracias por las reflexiones de tu artículo cuyo fondo comparto: no hay persecución ni comportamiento ilegítimo de la Administración. En la forma, el tema es delicado ya que si bien el silencio no resuelve nada en mi opinión, el debate ruidoso sólo ayuda a quien quiere tensionar para ganar cuota de mercado. Tal vez una campaña de publicidad resaltando la prevalencia del estado de derecho, el sometimiento de la Administración tributaria al mismo y la concurrencia de múltiples despachos profesionales, nacionales y extranjeros, a elección de los contribuyentes permitiría anular cualquier atisbo de éxito en quien no busca sino su propio beneficio.