Enseñar Derecho Tributario (en memoria de D. Roque de las Heras)
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Hace escasas fechas, junto con otros profesores del Centro de Estudios Financieros, recibí una placa conmemorativa que se entrega a todos aquellos que alcanzamos 25 años de docencia en el centro. Fue un acto muy emotivo para mí, donde estuve acompañado de mi mujer, Elvira, y mi hija y compañera, Sandra, además de muchos compañeros en la labor docente. Hicieron entrega de las mismas el que, durante muchos años, fue director del CEF en Valencia y, hoy, es responsable de oposiciones en el grupo educativo, D. José Pedro Valero, la presidenta de UDIMA, Dª. Arancha de las Heras, y quien fuera fundador y presidente honorario del grupo, D. Roque de las Heras.
Fue la última vez que vi a Roque, ahora así, sin el Don, no porque no se lo merezca, sus méritos, valía y calidad humana, de sobra conocida para todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo, exceden de cualquier tratamiento honorífico, sino porque la tremenda humanidad y proximidad de la persona hace que fuera para mí, como para todos los que hemos estado vinculados con estas institución y hemos contribuido de alguna forma al desarrollo del CEF, sea como alumnos o como profesores, como empleados o en la función que correspondiera, simplemente Roque, sin más florituras.
Recuerdo, – como recuerdan muchos de los que fueron alumnos – cuando entraba en las clases y repartía cátedra, ya fuera en forma de consejo o de soplo de ánimo, según hiciera falta, y como orientaba tanto si hablaba con un opositor al que le faltaba un poco de empuje para acometer el arduo camino que son las pruebas de acceso, como si se trataba de un asesor que estaba comenzando y necesitaba algo de orientación sobre el camino a seguir. Mucho sentido común y una buena dosis de humanidad en cada palabra, una lección mucho más necesaria que la de las materias que estaban cursando.
No es de extrañar, pues, que con tales habilidades supiera hacer navegar el CEF como empresa a toda vela; desde sus comienzos como una de las tantas academias de preparación de oposiciones, especializada en la materia financiera, hasta crear un grupo empresarial educativo, con una Universidad propia, pasando por una editorial, hoy, tristemente, al menos para mí, disminuida, y donde hemos publicado artículos y estudios muchos de los que hemos sentido una especial inclinación por esa incomprensible actividad que es la creación mitad literaria y mitad científica.
Como recordé en aquella ocasión, el CEF ha sido para mí una escuela, pues nadie aprende más que quien enseña. Una oportunidad de pararme a pensar en la norma y su aplicación, y ya sea tratando de hacer ver a los alumnos el significado y razón de ser de una regla, ya sea intentando explicar estas reflexiones en un texto escrito, he logrado comprender y profundizar en algo de aquello que enseñaba. Sin el CEF, sin duda, hubiera sido peor profesional.
Ha sido también una ocasión de contrastar cuestiones en las que dudaba con otros profesores y con profesionales varios, aprender con ellos, ratificarme o mudar mis ideas, ver otra forma de afrontar los problemas que plantea nuestro trabajo y comprender que hay más caminos que el propio. Sin el CEF, sin duda, habría tenido una visión más limitada de la realidad con la que trabajamos.
También una ocasión de ver la vida pasar, con sus circunstancias particulares. Esos amigos que empezaban a estudiar juntos una oposición y, como ocurre en los procesos selectivos, uno lo superaba y otro no; y seguir los dos adelante con su amistad, sin envidia y con franca alegría por el amigo que ha tenido el éxito y apoyo al que aparentemente quedó atrás, para los que se abrían caminos profesionales aparentemente divergentes, y que, sin embargo, en el caso que estoy pensando, con el correr de los años, han finalizado con un tremendo éxito para ambos. Esa pareja que entró uno como alumno de oposición y otra como profesional en ejercicio, para acabar, tiempo adelante, el en el sector privado como un asesor y ella como funcionaria pública, y ambos como matrimonio y con varios hijos juntos. O aquel opositor que oyó mi más célebre frase, “tú aprobarás cuando se congele el infierno”, y que hoy como observa desde su puesto en la Administración pública como el embargo al gas ruso debe haber alcanzado hasta el infierno, donde Lucifer tiene que haber apagado las estufas y hará un frío que pela para cumplir con mi vaticinio. El CEF ha sido curioso y, en no pocas ocasiones, hasta divertido.
Muchos profesionales, especialmente en el ámbito financiero, hemos tenido un contacto más o menos intenso con el CEF. Ese sueño de Roque que ha llegado a ser, para cada uno de nosotros, una circunstancia diferente, yo acabo de recordar parte de lo que para mí ha significado, pero seguro que muchos de quien leáis esto, alumnos, profesores o consumidores de los materiales del CEF, tenéis los vuestros y os habrán venido a la cabeza.
Vaya, pues, desde aquí, mi recuerdo agradecido a quien hizo su vida de enseñar Derecho tributario y mucho más. Descanse en paz, D. Roque de las Heras; y como sé que compartíamos fe, solo deseo que Dios lo tenga en su gloria.
Javier Bas Soria. Inspector de Hacienda del Estado
*Las opiniones expresadas en las publicaciones del blog «NOSÓLOIMPUESTOS» son de la exclusiva responsabilidad de sus autores, pudiendo no coincidir con las de IHE