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«You can´t always get what you want…»

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Todos los días, puntualmente, la Asociación nos remite un resumen con las noticias más destacadas relacionadas de forma directa o indirecta con la tributación. Una nota que a menudo se incluye junto con esas noticias es “medida incluida en el Libro Propuestas contra el fraude fiscal y de reforma de las Administraciones Tributarias”. Se da la circunstancia, según he podido comprobar en el amable asueto que compartimos a la hora del café, que pocos compañeros se han percatado de cuantas de las medidas que se proponen o comentan fueron incluidas en ese recopilatorio que realizó la Asociación. Como quiera que este lobo no tuvo ni arte ni parte en la redacción de este “monumental” documento, quiero hoy hacer algunas reflexiones a propósito del mismo, rindiendo además justo homenaje a cuantos participaron en esa encomiable iniciativa, sin que puedan calificarse de “autobombo” lobuno.

Lo primero que llama la atención es precisamente su monumentalidad, a la que ya hemos hecho alusión. Se trata de un documento extenso, con un análisis profundo del fraude fiscal y lleno de propuestas, unas que compartiremos más y otras menos, pero siempre concretas y motivadas, y que pretenden una finalidad de interés general, la lucha contra el fraude y la mejora en la organización de la Administración tributaria, precisamente, para que sirva a uno de los fines esenciales para los que fue creada, que es esa misma lucha contra el fraude.

El documento es, como se expone en el mismo, una puesta al día de un libro previo sobre medidas contra el fraude fiscal, también generado por nuestra Asociación a iniciativa propia, en el año 2014.

La actualización se plantea tras haber realizado el Gobierno el encargo a un Comité de Expertos para la elaboración de un Libro Blanco para la Reforma Fiscal, comité en el que no se había integrado ningún experto proveniente de la Inspección tributaria, y del que se afirma, como efectivamente ha sido demostrado, que no se esperaban propuestas en materia de lucha contra el fraude fiscal. Aún más, pese al olvido del Gobierno de sus propios expertos, prefiriendo a profesionales provenientes fundamentalmente del mundo académico, la Asociación había remitido una serie de propuestas sobre lucha contra el fraude fiscal al Comité de expertos y, vista su acogida, se decidió acometer esta actualización.

La comparación de un documento y otro, Libro de lucha contra el fraude elaborado por los Inspectores y Libro Blanco, pone de manifiesto la disparidad de los objetivos: el Libro Blanco propone una serie de medidas, de distinto calado según los impuestos, para dar una orientación política muy concreta al sistema tributario; el Libro de Apife (como muchos de los veteranos seguimos llamando a nuestra Asociación) con propuestas para la lucha contra el fraude propone medidas técnicas para la mejor aplicación del sistema tributario, cualquiera que sea su definición y orientación política, pretendiendo que se cumpla con las obligaciones existentes en la forma en la que hayan sido definidas.

Esta disparidad de direcciones permite afirmar que se hubiera podido, sin grandes dificultades, unir unas propuestas con otras, logrando una síntesis más completa y más correcta en el impulso de cualquier propuesta de mejora del sistema tributario. Al final, quien solo se preocupa de la regulación del régimen sustantivo de los impuestos, sin tener presente las medidas para su aplicación efectiva e, incluso, para su puesta en obligación de una manera coercitiva, como es necesario para lograr el pleno cumplimiento de una obligación tan desagradable como ser privado de tus rentas sin recibir nada inmediato a cambio, es como aquel general que mueve ejércitos de papel sobre un mapa, desbaratando las defensas enemigas y logrando sus objetivos con una simpleza que luego en el campo de batalla nunca existe. Es verdad que siempre encontrará alguien que, tiempo después, estudie sesudamente esos planes y piense la gran superioridad táctica que tenía el plan sobre el de sus enemigos, aunque nada de lo dibujado respondiera a realidades que se podían llevar a cabo y acabara desbaratado por quien planteó objetivos menores y razonables a las tropas de las que disponía. Igualmente, vemos que un impuesto mal concebido y mal planteado, aunque sobre el papel se encuentra completo, genera en su aplicación cien efectos perversos no intuidos, mil cargas administrativas excesivas comparadas con su objetivo de recaudación, y cien mil dudas irresolubles tanto para quien pretende cumplir con su mandato escrupulosamente, como para quienes tienen que aplicarlo. Y si no me creen, es que nunca han leído sobre el Impuesto sobre el Plástico. Desde luego resulta mucho menos lustroso un documento que únicamente pretende aplicar bien y sin agujeros la normativa existente, aunque lo único que me atrevo a apostillar es ¿únicamente?

Propuestas hay de todo tipo, y, como ya he dicho, unas me parecen mejor que otras. Pero, aunque al final acabáramos concluyendo que las propuestas del Libro de Apife contra el fraude no eran acertadas o no tocaran en ese momento, hay elementos alrededor de esta propuesta que no dejan de ser llamativos.

Libro Blanco de reforma Tributaria y Propuestas contra el fraude fiscal

 

Como hemos dicho, el documento, de alguna manera, afea la marginación sufrida por los Inspectores en el Libro Blanco. Aunque es normal que un documento de estas características no pueda ser encomendado exclusivamente a los expertos de la Administración, normal sería contar en alguna medida con ellos, si no ya porque resulta absurdo no aprovechar la pericia que tienes más a mano, por el solo hecho que algo quiere aportar una Asociación de Inspectores que se ha preocupado de realizar por su cuenta un examen de los defectos que constatan en la aplicación del sistema tributario y de proponer un elenco de soluciones, además todo ello realizado “pro bono”.

No deja de contrastar este hecho con la actitud de otros. Frecuente es también escuchar propuestas de sindicatos, asociaciones o partidos políticos que, con medidas organizativas centradas en el personal, si no ya solucionarían totalmente, al menos atacarían de forma decidida el problema del fraude fiscal, o eso dicen. Hasta donde hemos podido constatar, dichas propuestas nunca han ido acompañadas de un estudio de detalle razonado que explique cómo tales cambios organizativos lograrían la mejora prometida. Sin embargo, ninguna de estas organizaciones se ha preocupado de elaborar y ofrecer a la Administración tributaria un documento comparable al que ahora comentamos, donde, con mayor o menor acierto, eso ya que lo juzgue cada uno, se estudia el fraude fiscal y se proponen orientaciones concretas que pretenden la mejora del marco normativo en el que la organización desarrolla sus funciones.

No todo va a ser positivo, pues quienes ya conocen a este lobo, saben que gusto de hincar los dientes en cualquier avispero. Aunque, evidentemente, comparta hasta cierto punto la filosofía que inspira el documento, ya sea solo por ver que el trabajo de todos los funcionarios de la AEAT sirve efectivamente para algo; es más, que sirve para lo que tienen que servir, no pocas veces mis cánidos instintos me hacen sentir que hay una desconexión entre el fenómeno tributario y la realidad social o, peor aún, que la deriva de la realidad social y la del fenómeno tributario son divergentes. Recuerdo, hace bastantes años, cuando me iniciaba en el estudio del Derecho tributario, que afirmaba mi profesor la poca efectividad que tenía el delito fiscal, y apostillaba que era normal, ya que, si bien cualquiera podemos tener lógicas dosis de prevención antes de sentarnos en un autobús junto a un asesino u otro tipo de delincuente, no ocurre lo mismo con un delincuente fiscal. Sin embargo, andando los tiempos, aunque parece de dudosa legalidad que la policía que corre en pos de un delincuente violente su morada y muchos verán en ello un abuso de las fuerzas represoras del Estado; igual les sorprende e indigna que un juez no permita acceder a un domicilio contra la voluntad de su dueño porque los rendimientos declarados por el contribuyente difieren de la media de su sector. Y es que, pienso yo, una sociedad que considera más grave que no se paguen impuestos a que se cometa un delito contra las personas, está perdiendo su horizonte moral; aunque quizá no sea así, no en vano Al Capone solo pagó por sus fechorías tras ser condenado por evasión fiscal.

En fin, una vez más, vaya desde aquí mi aplauso para quienes acometieron esta ingente labor, que concluyeron con un resultado más que provechoso; para quien quiera profundizar, mucho mejor que estas líneas, es la lectura del documento que la Asociación pone a disposición en su página web; y para todos aquellos que lamenten que el documento se haya quedado en una simple propuesta, con todas las facultades que ofrecía a la Administración tributaria, será mejor que les responda Mick Jagger: “you can´t always get what you want, but if you try, sometimes, well, you just might find, you get what you need”.

Por “El Lobo de la Calle Alcalá”

*Las opiniones expresadas en las publicaciones del blog «NOSÓLOIMPUESTOS» son de la exclusiva responsabilidad de sus autores, pudiendo no coincidir con las de IHE 

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