Verdad y justicia. (Dedicado Los Inocentes de Adamuz)
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(Opinión exclusivamente personal)
45 personas fallecidas, 100 heridos y muchos más afectados en una trágica tarde al cruce de dos trenes en una hondonada en la serranía de Córdoba. 45 vidas detenidas bajo los hierros, sepultadas en las vías, atrapadas en los vagones.
Una casualidad fatídica, un descarrilamiento mortal, un accidente que, tristemente, ha puesto en evidencia lo que se suponía era la joya del transporte español, la alta velocidad, que formaba parte de un sistema ferroviario que, se nos aseguraba sin reparo, que estaba en su mejor momento.
Han pasado ya unos días del terrible accidente y parece que la herida sigue abierta en la sociedad: la herida por la pérdida de compatriotas, de turistas, de mayores, y de pequeños, de gente anónima que te podías encontrar en el asiento de al lado, del maquinista o del personal de tripulación que te atendía en la cafetería mientras se estaba jugando la vida sin saberlo, de personas que ese día ocupaban un asiento que podía haber sido el tuyo en cualquiera de los miles de viajes que se hacían en tren con aparente seguridad.
No hay palabras para consolar a las familias rotas por la tragedia, sólo queda el acompañamiento, el apoyo y el cariño, como el que transmitieron muy humanamente los Reyes el martes posterior al accidente.
España ha vuelto a demostrar su ejemplar solidaridad, su abnegado esfuerzo por ayudar en momentos de urgencia, en un pequeño pueblo que se ha desvivido por atender a víctimas y familiares. Nunca estaremos del todo agradecidos a Adamuz por su valeroso ejemplo de ayuda y asistencia. Todos a una por salvar vidas.
Pasan los días, y del trágico shock que ha impactado a la sociedad, hemos pasado a la incertidumbre, a la ignorancia de las causas que provocaron el accidente, la exigencia de explicaciones, y la desgarradora indignación que provoca ver tantas víctimas inocentes en un viaje mortal.
Resulta bastante elogiable la contención que en la arena política se está viviendo, por el momento. No se lanzan reproches despiadados y se ha buscado la cooperación en las tareas de rescate de víctimas y heridos. No obstante, comienzan a escucharse críticas y quejas muy justificadas de familiares. No es para menos. Sus seres queridos ya no están, algunos siguen en la UCI, y afortunadamente, otros están siendo dados de alta recientemente.
En tiempos en los que se nos llenaba la boca de transparencia, rendición de cuentas, participación ciudadana, etc., resulta crucial que los responsables se remanguen y se pongan a trabajar. En mi opinión, aquí no valen discursos, lo que cuentan son los hechos y las explicaciones, la verdad y la justicia. Que se cuente todo, y que se explique todo. El accidente no puede haber sido un suceso extraño o algo que sólo tiene explicación paranormal. Los trenes son de hierro, las vías son de hierro, elementos, por tanto, materiales; la física es una ciencia; y los hechos han de tener una explicación lógica, que espero llegue pronto y permita reparar con justicia el dolor, el daño y el desgarro humano que han sufrido las víctimas.
Que además son unas víctimas inocentes, desconocedoras de que se subieron en el último tren de su vida, a las que les debemos un homenaje con mayúsculas y que no sólo han sufrido por cualquiera de nosotros -a cualquiera le podía haber tocado-, sino que, además, han dejado ejemplos valerosos que nos han reportado grandes enseñanzas, como la de Natividad que iba rezando el rosario, que ha llevado a su hijo Fidel a transmitir la importancia de decir te quiero a los seres queridos.
Hemos conocido historias que podrían ser la nuestra o la de nuestro vecino. Se parte el alma cuando uno piensa en la niña que perdió a toda su familia y vagaba sola por las vías, o cuando un señor relataba que salía del tren y veía que al lado había una chica embarazada, viva pero inconsciente, o las horas que tuvo que esperar una médica hasta ser rescatada.
Tampoco se me olvida la imagen del presidente de Iryo balbuceando sin saber expresar el dolor que le causaba esta tragedia. Se percibía una gran impotencia.
Ya está montada la discusión sobre qué fue la causa, si el tren o la vía, sobre si la rotura del raíl era causa o consecuencia. Se inundan las redes de audios intencionadamente filtrados. Nos ofrecen una extensa rueda de prensa de un ministro que no dice que dimite porque no le da tiempo a pensar en sí mismo, si duerme o si se cambia de traje. Algunos datos y otras cosas que se deslizan ambiguamente. Basta ya de hipocresía.
Los ciudadanos pagamos impuestos con nuestro esfuerzo, con el madrugón de las mañanas con el que cada autónomo -los que quedan- levanta la persiana, con el que cada trabajador se subía a un Cercanías para ir al curro, con las alegrías y sinsabores de la vida, y paradójicamente, cuando unos centenares de personas volvían de pasar el fin de semana en Madrid o en Málaga ven trágicamente truncada su vida. Una injusticia que no se merecía ningún inocente.
No sabemos si el problema es el material, las revisiones, o los contratos de mantenimiento. Lo que sí sabemos es que no hay derecho a subirse a un tren jugándose la vida, no hay derecho a no saber si llegarás entero o partido, si tú o tus hijos quedaréis huérfanos, si te tocará salir por la ventana o en un ataúd. No hay derecho y viendo lo que ha dicho la abuela de aquella niña, esto lo pagábamos con nuestros impuestos.
Por favor, respeto, responsabilidad, que se declare toda la verdad, confiemos en el poder judicial, y que se haga justicia para las víctimas de un accidente que nunca se debería de haber producido.
In memoriam, a las víctimas del accidente de Adamuz.
Antonio Morales Martín, Inspector de Hacienda del Estado.
*Todas las opiniones expresadas en las publicaciones del blog «NOSÓLOIMPUESTOS» son de la exclusiva responsabilidad de sus autores, pudiendo no coincidir con las de IHE
Muy buen artículo, Antonio. Ante hechos tan luctuosos es muy necesaria la reflexión sosegada, y análisis como éste contribuyen a la puesta en común de todo lo que hay que revisar y corregir, para que nunca más vuelva a suceder algo parecido.
Extraordinario esta reflexión . Tiene el valor de la actualidad y de la humanidad